Storyboard para la serie de preescolares TUTU de TVE.

En octubre de 2017 mi mujer y yo nos fuimos a vivir a Milladoiro, cerca de Santiago de Compostela. Había conseguido la oportunidad de trabajar de storyboarder para la segunda temporada de TUTU, una serie preschool de TVE que ya se emitía por Clan. A la gente ajena al mundo audiovisual le cuesta entender qué es un storyboard y para qué sirve. Seguramente sea porque pertenece a esa retahíla de disciplinas que componen la preproducción y que no aparecen explícitamente en el producto final… PERO ESTÁN. Me refiero a diseño de personajes, diseño de fondos, dirección artística, etc…

Un storyboard es la fase inmediatamente siguiente al guión. Consiste en interpretar el guión entero en una especie de cómic con formato de pantalla (16:9). A continuación, una página de muestra de cómo eran los storys que hice en TUTU.

Mi trabajo era interpretar el guión y traducirlo en imágenes. Como puede apreciarse, el acabado de un storybaord es muy sencillo. No se trata de ilustraciones excesivamente trabajadas ni con técnicas complejas. Lo que se valora de un storyboard es la correcta narrativa visual: cómo están colocados los personajes, cómo entran y salen de la escena, cómo movemos la cámara, etc… En el ejemplo anterior, vemos el final de un capítulo donde en el storyboard se distingue que a cada viñeta el encuadre es más abierto, más panorámico. Esto refuerza la sensación de alejarse y subraya al espectador el final del capítulo. El storyboard NUNCA se ve en pantalla pero sí se ve el trabajo del storyboarder.

En esta producción en concreto tuve mucha libertad como artista, lo que agradezco de corazón. El motivo es que Brandán de Brano, el mágico director de la serie, estaba desbordado de trabajo: había que producir 52 capítulos de animación 3D en menos de un año y además, había que coordinar una producción internacional pues el 80% de la animación se hacía en Cuba. Brandán no tenía el tiempo suficiente para sentarse conmigo y elaborar el story codo con codo, como suele hacerse. Nos reuníamos 5 minutos y me decía “este capítulo va de guerra de bolas de nieve y quiero que recuerda a una guerra de guerrillas” o “aquí hacen una lucha de miradas a ver quien se ríe antes y quiero que recuerdo a un duelo del Oeste“. Me daba pautas como “aquí los chicos buscan las gafas de Tupa y quiero que recuerde a una peli de detectives” o “en este capítulo bajan dando rolos (que para el resto de España es hacer la croqueta por el monte) y quiero que recuerde a la fórmula uno“.

¡Pero qué reto más apasionante! Estábamos hablando de narrativa pura y dura. Cada capítulo tenía un tono y era mi trabajo estudiar cómo se montan los planos para un Western, qué cámaras se utilizan en la retransmisión de la Fórmula uno o encuadres típicos del cine negro. En una ocasión, Brandán me dijo “aquí hacen pompas de jabón y quiero que cojan fuerza a lo Sailor Moon“.  Las transformaciones de Sailor Moon son míticas en el mundo de la animación.

Me resultaba muy divertido parodiar todos estos estilos. Tengo que reconocer que estoy muy satisfecho del respeto que se mostró a mi trabajo en el acabado final. Siempre hay diferencias porque manejar un muñeco virtual en una producción así suele limitar mucho las expresiones corporales y faciales, pero mirad cómo a penas cambió.

Y por último, otra de las cosas que disfruté mucho era coreografiar las canciones. Aquí sí que Brandán me daba rienda suelta sin a penas ninguna pauta. Insisto que por falta de tiempo, lo que yo me tomé siempre como una muestra de confianza del director hacia mi. Lo primero que tuve que hacer fue identificar con qué elementos podía contar. Había que tener en cuenta que no podía comprometer la producción haciendo escenas de musical de Broadway con escenarios nuevos y llenando todo de personajes bailando. Pensé en utilizar elementos de atrezzo o props y sacarles todo el partido que pudiera escalándolos, multiplicándolos, etc… Y a raíz de esto, recordé una serie de cortos de animación 2D que hizo Disney en los años 40 recopilados en la peli “Make Mine Music” (“Música maestro” en castellano). En concreto, en el corto “After you’ve gone” aparecen media docena de instrumentos que se transforman e interactuan a ritmo de jazz.

De hecho, quise homenajear a este corto en el story. No había ningún piano pero sí un xilófono. Construir un tobogán parecido resultó asequible y finalmente se incluyó, como puede apreciarse a continuación.

Guardo muy buenos recuerdos de esos 6 meses en Galicia. Conseguí cumplir con el calendario de producción. Pero lo mejor que me llevé de ahí sin duda alguna, fue haber conocido a gente maravillosa. Los compañeros de trabajo de Ficción Producciones fueron acogedores, profesionales y cálidos, cosa que uno agradece y mucho cuando está fuera de casa.