Este juego no habría sido posible sin la generosidad de la Fundació Es Convent que ha financiado esta primera edición y el apoyo de la Unitat de Pastoral de la Mare de Déu.

A partir de 7 años. De 2 a 5 jugadores. 20min. de duración aproximadamente.

PRESENTACIÓN

Somos granjeros y nos disponemos a sembrar nuestro pequeño huerto. No será tan apacible como suena porque en el campo brotan continuamente las malas hierbas. Hay que ir con cuidado porque cuantas más acumulemos, con más facilidad podrá esconderse tras ellas un terrible jabalí que acecha para arrasar con todo cuanto hemos sembrado. ¡No os asustéis! ¡Este huerto solo es para valientes!

PREPARACIÓN

En primer lugar, separamos las cartas en 3 mazos: hortalizas, jabalís y ayudas. Será muy fácil si buscáis las cartas por el dorso porque está claramente indicado. Barajamos cada mazo. De los 5 jabalís, escogemos 3 al azar. En un extremo colocamos el mazo de hortalizas boca abajo. En el extremo opuesto, colocamos el mazo de ayudas boca abajo. Y entre cada mazo colocamos boca abajo los 3 jabalís, dejando el primero de ellos boca arriba.

En este momento, se reparten 7 cartas de hortalizas a cada jugador. Todos los jugadores miran sus cartas. SI tuvieran alguna carta de malas hierbas, deben colocarla inmediatamente boca arriba sobre la mesa. ¡Y comienza el juego!

 

TURNOS

Lo primero que debe hacer el jugador que tiene el turno es coger 2 cartas del montón de hortalizas. Luego, en este orden, el jugador hará lo siguiente:

1 – HIERBAS. Está PROHIBIDO conservar hierbas en la mano. En cuanto nos lleguen hierbas, automáticamente las colocamos boca arriba sobre la mesa. Las malas hierbas no se siembran, brotan solas. NO hay límite máximo de hierbas acumuladas.

2 – SEMBRAR. Llamamos sembrar a colocar una hortaliza boca arriba sobre la mesa. Es obligatorio sembrar UNA hortaliza en cada turno. Se puede sembrar una segunda hortaliza pero es opcional. Las hortalizas se van sembrando por grupos según el tipo de hortaliza. Lo que cuenta es el nombre y no el valor de la carta. El número que aparece arriba son los puntos que iremos acumulando al recoger las hortalizas. Una vez que tengamos sembrado un grupo de 3 cartas acumuladas del mismo tipo, las recogemos y las guardamos a parte. Estas hortalizas recogidas ya no se pierden y son los puntos que tenemos. Solo se puede sembrar un máximo de 3 grupos. Si en nuestro turno estamos obligados a sembrar pero no tenemos ninguna hortaliza compatible con las ya sembradas, deberemos descartar un grupo de hortalizas sembradas sin obtener ningún beneficio. Así, haremos sitio para poder sembrar la hortaliza que estamos obligados.

3 – LLAMAR AL CAZADOR. Cuando nos toca una carta de cazador, podemos conservarla en la mano. NO estamos obligados a jugarla. Cuando decidimos usarla, colocamos el cazador boca arriba en el montón de descartes y cogemos la carta superior del mazo de ayudas.

4 – CARTA DE AYUDA. Las ayudas se activan automáticamente al cogerlas colocándolas boca arriba sobre la mesa. NO se pueden acumular ayudas en la mano. Al activarla, se debe leer la carta en voz alta compartiendo con el resto de jugadores su contenido. Solo puede activarse UNA ayuda por turno y pueden acumularse un máximo de 3 ayudas. Si por casualidad el jabalí en juego anula nuestra carta de ayuda activada, la dejamos igualmente sobre la mesa pero en esta ronda, dicha carta no tendrá ningún efecto. Pero debe conservarse boca arriba a modo de contador porque pueden acumularse hasta 3 solo que tendremos una que no nos servirá de nada. Si una carta de ayuda contradice las normas básicas, prevalece lo que diga la carta de ayuda.

5 – DESCARTAR. En el caso poco probable que al finalizar el turno el jugador tenga más de 7 cartas en la mano, el jugador deberá descartase las cartas necesarias hasta tener solo 7 en la mano. Luego pasa el turno.

 

EL JABALÍ

Hay 3 jabalís sobre la mesa pero solo está en juego el jabalí que esté boca arriba. Cuando un jugador acumula las malas hierbas suficientes para formar la misma combinación de letras que el jabalí que está en juego, SE DETIENE la partida. ¡Ha llegado el jabalí! IMPORTANTE: El jabalí afecta a TODOS los jugadores, no solo al que ha conseguido la combinación de letras. Primero aplicamos las cartas de ayuda activadas y las devolvemos boca abajo en la parte inferior del montón de ayudas. Luego el jabalí arrasa con todo lo sembrado del resto de jugadores incluidas las malas hierbas. Cada vez que el jabalí arrasa, las hortalizas y las malas hierbas perdidas van al montón de descartes y se vuelven a barajar con el montón de hortalizas. Se descubre el siguiente jabalí, se reanuda la partida en el mismo punto en que se detuvo y comienza una nueva ronda. Si se descubre un nuevo jabalí y ya hay hierbas suficientes para formar las letras del jabalí en juego, el jabalí arrasa sin piedad. En caso de que se agoten las cartas y el jabalí no aparezca, en cuanto se acaban las cartas de hortaliza el jabalí ataca igualmente. El tercer y último jabalí tiene una condición especial: si una vez que haya arrasado algún jugador consigue conservar alguna hortaliza sembrada, esas hortalizas puntúan directamente aunque no acumulen las 3 cartas necesarias para recogerlas. ¡OJO! Una vez que el jabalí haya arrasado y solo en el último jabalí.

La colocación de las cartas sobre la mesa debería ser como muestra la siguiente imagen.

 

FINAL DE LA PARTIDA

Después del ataque del tercer jabalí el juego termina. Cada jugador cuenta sus puntos acumulados y el que tenga más puntos, gana.

 

 

CATEQUESIS (leer después de jugar)

Como veis no hace falta creer en Dios para jugar a este simpático juego. Sin embargo, el juego en sí representa la manera de entender la vida desde un punto de vista católico. Si queréis disfrutar el juego en plenitud, os invitamos a descifrar lo que quiere expresar.

Cada huerto representa nuestra propia vida. Así, cada uno decide qué sembrar según se nos presentan las oportunidades. Cad ahortaliza lleva un falso nombre en latín que nos da pistas de lo que estamos cultivando: salarium decentis (un sueldo digno), felicitatis familiare (la felicidad en la familia), alimentio diario (nuestro pan de cada día), amicci santi (las buenas amistades), etc…

Habrá situaciones en las que, aún jugando limpio, debamos descartarnos los sembrado sin obtener ningún beneficio. Esto también pasa en la vida diaria. ¿Cuántas veces nos hemos preguntado “por qué me pasa esta desgracia si intento portarme bien”? Y es que a veces, las circunstancias nos obligan a desprendernos de algo que nos importa y parece que el mundo se acaba. Pero luego la partida sigue y vemos que quizás no era para tanto.

Con frecuencia aparecen hierbas en nuestro huerto. Las hierbas representan tentaciones que nos llevan a pecar y también tienen un falso nombre en latín que nos da pistas: dinerum pastae (el dinero, la avaricia), fornicius aleatoris (la promiscuidad), ego cosmos center (el goismo), amorem propius (el amor propio) y temoris a sufrire (el miedo al sufrimiento). Cuantas más malas hierbas acumulamos, más facilidades tiene el jabalí de esconderse entre ellas. Cuantas más tentaciones y malos vicios acumulamos, es más fácil caer en el pecado y que el demonio nos ataque. Efectivamente, el jabalí representa al demonio.

¿Y qué hace el granjero para prevenir el ataque del jabalí? ¿Sale tras él con una pala para asustarle? ¡No! Eso sería muy peligroso. El granjero sabe de hortalizas pero no entiende de animales salvajes. ¿Y si el jabalí le muerde una pierna? Entonces ¿qué hace? Pide ayuda al único que puede vencer al jabalí: un cazador. El cazador representa a Dios. Y es que así entendemos la vida los católicos: nos vemos necesitados de la ayuda de Dios para vivir nuestro día a día. Cuando pedimos ayuda a Dios lo hacemos a través de la oración y él nos escucha y nos responde… aunque a veces no lo entendamos, aunque a veces nos gustaría otro tipo de ayuda.

Las ayudas del cazador van en dos direcciones: sirven para proteger lo sembrado o bien para acumular más cartas y tener más beneficios. Pero la mejor ayuda que nos puede conceder el cazador son sus perros. Miguel, Gabriel y Rafael. Son los nombres de los 3 arcángeles y es la manera de representar la intercesión de los santos. ¡Esa es la ayuda más grande que nos puede dar el Señor! La Comunión de los Santos. Cuando nos sentimos escuchados y acompañados por un santo, experimentamos una sensación de plenitud, de paz y serenidad difíciles de comparar con cualquier otra cosa.

Pero hay un momento en que llega el demonio y arrasa con todo… o casi todo. Pues aun cuanto perdemos todo lo sembrado y parece que el demonio ha vencido y termina el juego, nos quedan los beneficios de lo que hemos ido recogiendo durante la partida. Habrá quien piense “la vida acaba mal porque al final te mueres”. ¡Cuidado! ¡No os dejéis engañar por este comentario! Porque la vida no termina en la muerte. La vida sigue después. ¿Y qué nos quedará al morir? Lo que hayamos ido recogiendo durante nuestra vida. Ésos son los frutos que dan la victoria.

 

“Pues no hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno; por ello, cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos. El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca.”

Lc 6:43-45

 

 

 

 

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