De nuevo estamos ante un cartel que me permite expresar una oración personal. Durante el campamento de la Aventura de Jesús del verano de 2019, tuve la suerte de explicar a los jóvenes qué significa «seguir a Dios en la adversidad». Todos entendemos perfectamente esta frase pero ¿cómo transmitir su significado más profundo y espiritual? Pues como solemos hacerlo los ilustradores: con una imagen.

 

 

Lo primero que llama la atención de esta ilustración es su marcado formato vertical. Su justificación vendrá más adelante. Primero me gustaría señalar elementos más obvios para irnos centrando poco a poco en las sutilezas.

Centrémonos en la chica que está abajo del todo. Por la expresión de su rostro entendemos que no está en su mejor momento. Vemos también que en su postura se abraza a sí misma recogiendo sus piernas dobladas. Además va vestida con algo que recuerda a un pijama. La gente normal viste el pijama cuando se va a dormir, en la intimidad de su casa o como señaló un niño del campamento «cuando estamos enfermos». Utilicé todos estos elementos cuidadosamente pensados para expresar la idea de que la protagonista está moralmente recogida en un momento de intimidad. Y para mi lo más interesante de todo esto es transmitirlo sin dar ninguna pista del fondo, sin insinuar ni un dormitorio, ni un cuarto estrecho… sólo ella y su actitud.

Fijémonos ahora en todo lo que está por encima de ella. La RAE define la adversidad como una «situación desgraciada en la que se encuentra alguien». El resto de la ilustración es un mosaico barroco de desgracias y adversidades tan variadas que cualquiera podría verse reflejado al menos en una de ellas. De arriba a abajo y de izquierda a derecha, son las siguientes:

  • la vemos borracha, apoyando su vaso medio vacío contra su cabeza
  • suspendiendo un examen con un 4
  • la vemos con las amigas, quienes le enciende el cigarrillo que va a fumar
  • vemos cómo su novio la abandona
  • su coche ha quedado destrozado por un accidente
  • su jefe la despide del trabajo por estar embarazada
  • la vemos en el funeral de un familiar que podría ser una abuela
  • la vemos enferma en el hospital
  • aquí está enfadada mientras discute con alguien por whatsapp
  • se está peleando con una amiga, tirándose del pelo
  • en su nuevo trabajo, tiene que sufrir las exigencias caprichosas de los clientes
  • la vemos cargada con bolsas como regresando de compras y justo debajo la cara de susto al ser consciente de todo el dinero que ha derrochado en banalidades
  • la vemos discutiendo con su madre
  • justo debajo está tumbada sobre su almohada, despierta, sin poder dormir
  • la vemos comiendo un buen trozo de tarta
  • y por último vemos cómo se pesa, descontenta, en la balanza y además en la siguiente imagen ella intenta sin éxito abrocharse los pantalones.

Es cierto, hay representadas situaciones más graves que otras pero ninguna debe tomarse a la ligera. Todos entendemos la gravedad de un accidente, de una adicción o de la pérdida de un familiar. Puede que a alguien no le parezca que comer mucho sea una adversidad. Pero alguien podría padecer obesidad, perder autoestima y caer en depresión y entonces sí que comer se convierte en una gran adversidad. Una discusión por whatsapp no tiene porqué ser grave. Pero estar todo el día pendiente de las redes sociales, observando noticias que nos enervan y discutiendo en todos los comentarios que publicamos por internet puede provocar mucho estrés, mucha ansiedad y entonces sí que se convierte en una adversidad muy grave.

Sin embargo si uno se aleja del dibujo, si lo observamos a cierta distancia, en medio de todos estos dibujos de desgracias se adivina una cruz enorme. Mucha gente no ve la cruz en mi ilustración hasta que se la señalo. Se distraen observando los detalles de cada dibujito, de cada acción, de cada situación… Así es como entiendo yo lo que significa «seguir a Dios en la adversidad». En medio de todas las desdichas que nos suceden a diario, en medio de todas las desgracias que podamos sufrir a lo largo de nuestra vida, si conseguimos alejarnos sólo un poco y no centrarnos en los detalles de cada una de ellas, entonces descubrimos la presencia de Dios. ¡Y estaba ahí desde el principio! Pero como nos acercamos a ver cómo ha dibujado el pelo o cómo ha expresado esta discusión, no la vemos.

 

 

Dos sutilezas más para terminar. En  el formato vertical y colocando a la chica en la parte inferior, se acentúa el mensaje de que todas las adversidades pesan mucho más. Además, estando ella medio curvada, es como si literalmente todo cayera sobre sus espaldas. Pero en cuanto vemos la Cruz descubrimos que tiene tanto peso o más que las adversidad y cae también con la misma fuerza sobre ésa persona. Pero ¿qué le sucede a ella? ¿Alguien cree que es consciente de todo esto? No. Ella está mirando al suelo, pensando en sus cosas y lamentándose por remordimientos. ¿Quién es que ve la Cruz? ¿Quién consigue ve la presencia de Dios en todo esto? El espectador. Un tercero. Alguien sensible a la fe y que en cuanto descubre que la Cruz está cifrada en la marabunta de desgracias siente algo dentro de sí que le empuja a decir «¡Eh! ¿Has visto la Cruz?» o lo que es lo mismo «¡Eh! ¿No te das cuenta que no estás solo? ¿No te das cuenta que se puede sacar algo bueno de todo esto?».

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